El hombre en busca de sentido de la vida

Queridos jóvenes,
En nuestro contexto histórico, social y podría decir nacional, nos toca despertar cada día en una realidad que nos exige madurar a golpes. Muchos de nuestros amigos se han ido, incluso a este servidor le tocó vivir seis años fuera de su patria. Y entonces sentimos que el futuro es un cuarto oscuro donde tanteamos las paredes buscando el interruptor, pero no lo conseguimos. Sin duda, esto nos hace experimentar un vacío, pero esto no tiene por qué hacernos sentir mal ni desanimarnos. Todo lo contrario, es una prueba de que estamos diseñados para algo mucho más grande que la simple supervivencia.
En nuestro interior hay un sentido que nos orienta. Victor Frankl decía que quien posee un por qué para vivir encuentra la fuerza para soportar casi cualquier cómo. Buscar el sentido de nuestras vidas es una misión que nos toca descubrir.
En este sentido, queridos jóvenes, en nosotros se manifiesta una sed de absoluto, entendiendo lo absoluto como aquello que nos sobrepasa, aquello en lo que confiamos, en nuestro origen y nuestro fin: Dios.
A veces se piensa que creer en Dios es para quienes no quieren usar la razón, pero nosotros sabemos que es la opción más lógica. Si el mundo fuera un puro absurdo, no tendríamos esta sed de justicia y verdad que nos quema por dentro. El dolor que sentimos por lo que está mal en nuestro país demuestra que conocemos internamente cómo debería ser el bien. Esa necesidad de absoluto es la huella de una realidad trascendente que no se agota en la crisis.
También me gustaría destacar que se nos ha vendido la idea de que la felicidad consiste en mirarnos el ombligo y buscar la autorrealización como una meta solitaria. La verdad es que la plenitud llega como un efecto secundario (per efectum) cuando salimos de nosotros mismos. Encontramos un propósito real cuando nos entregamos a los demás.
Vivamos convencidos de que nuestra inteligencia y nuestro corazón están hechos para la verdad. Afirmar que nada tiene sentido es una contradicción, porque si todo fuera un caos, ni siquiera intentaríamos comprenderlo. Elijamos la racionalidad y la confianza en que nuestro esfuerzo vale la pena. Venezuela necesita que encontremos un sentido tan sólido que nada ni nadie nos pueda arrebatar.



