Monseñor Nelson Martínez Rust: La lucidez de una fe solo a la escucha del Evangelio

«Un Concilio Sesentón», fue el título del último escrito quincenal que Mons. Nelson Martínez enviaba por correo electrónico con sus análisis de profunda actualidad, fechado apenas el pasado 1 de febrero de este año, acerca del Concilio Vaticano II. Y es que Monseñor Martínez Rust fue un Obispo que se esforzaba en leer los signos de los tiempos con la serenidad de quien vive en la escucha del Evangelio.
El Tiempo: Crisol de lo Verdadero
Con la autoridad que dan los años y el servicio, Monseñor Martínez Rust nos deja entre varias de sus enseñanzas en el citado escrito, una premisa fundamental para nuestra vida espiritual: «El tiempo es el crisol que señala lo verdadero».
Porque en estas palabras no hay resignación, sino la profunda virtud de la paciencia evangélica que da la experiencia de vida pastoral. Porque él entendía que, en medio de la agitación del mundo, solo aquello que es auténtico, permanece y que la Verdad no es una moda pasajera, sino una fuente de inspiración que no se agota. Asimismo, cuando afirma:
«El ‘Hoy’ no es el mismo del ‘Ayer’: Todo cambia e igualmente todo queda»
Y es que la fidelidad a la Iglesia no consiste en repetir el pasado, sino en saber encontrar lo fundamental en medio de los cambios. Nos enseña que la fe no debe ser estática; sino en movimiento, capaz de adaptarse a los tiempos sin perder su esencia divina.
La gran lección de Monseñor Martínez Rust en este artículo, que hoy resuena como su despedida final, es el llamado a la libertad interior. Para él, la única forma de ser fieles al Reino de Dios era mantenernos:
«Libre de presupuestos e ideologías de derecha e izquierda, solo a la escucha del Evangelio»
Hoy recordamos a este Obispo Emérito que con estas palabras finales no solo cierra el análisis de su último artículo quincenal, sino que nos motiva a releer sus escritos para inspirarnos a seguir adelante en nuestra vida de Fe.
Al honrar su memoria, reverenciamos los frutos de una vida movida por el espíritu santo dedicada al estudio, al ejercicio de la oración para así ejercer esa incansable enseñanza de la Verdad Evangélica que permanece en el crisol del tiempo.
¡Paz a sus restos, fiel servidor del Evangelio!



